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De viaje

Fin de semana de casa rural



Escrito por: Mikel

Esta historia empieza con el agitar de varita mágica de la fortuna. Entre amigos, invertimos un poco de dinero en los juegos de azar. Después de muchos años de no chupar de la teta de la fortuna, llego nuestro momento. Un pequeño pellizquito, que nos hizo soñar. Después de muchas INDECISIONES, por fin decidimos que hacer con lo agraciado. Pasar un fin de semana rural. Después de mucho buscar, encontramos una casa rural preparada para mis exigencias. El destino era Zumaia (Guipuzkoa) y la casa rural se llamaba JESUSKOA (www.jesuskoa.net).

Llegamos escalonadamente el viernes 6. La lluvia estuvo presente durante todo el viaje, pero fue tranquilo. Al llegar, los primeros que te reciben son Poxki y Rambo. Una enorme cerda vietnamita y un pequeño chigua gua. Luego ya se presentan Ana y su familia, que son los que llevan el enorme caserón. Si a Anne ya le sorprendieron los dos primeros animales, todavía le quedaba un emú, un pavo, gansos, cabras, gallinas, etc…

Según iba llegando el grupo, nos sentamos a una gran mesa, donde comenzaron las risas y bromas. En aquella misma mesa, empezó nuestra carrera gastronómica. La cena de aquella noche, era el comienzo del fin de nuestras esbeltas figuras, todo ello regado con abundante sidra.

Al finalizar la sobremesa, llego el momento de ir a buscar a Morfeo. Desde que tengo esta enfermedad, la mejor habitación adaptada que he visto. El baño enorme, con su ducha a ras de suelo, barras, espacio. En definitiva, GENIAL….

Al día siguiente, después de remolar mucho con las sabanas, llego el GRAN DESAYUNO. Denominado así, por la abundancia de cosas que había para meterse al cuerpo. Seguía la segunda etapa de nuestra particular carrera gastronómica.

Con los buches llenos, nos dirigimos al aquarium de Donosti. Perfectamente habilitado para todo el mundo, después de su remodelación. Entre risas y algún que otro susto, los tiburones, rayas y peces varios nadaban a sus anchas.

Pasada la mañana, llego la hora de los pinchos por el casco viejo de la capital guipuzkoana. Claro está, acompañado de sus correspondientes potes. La variedad es exagerada. Uno no sabe que pincho elegir, entre tantas exquisiteces. Menos algunos, que no salían de la mítica tortilla…..

Seguimos paseando por la ciudad donostiarra, con intención de coger los coches para volver a la casa rural. Pero antes hubo tiempo de


un percance de Anne y nuestra supernanny con un oso feroz.

Entrada la noche, Anne conoció a su primer amor. Un apuesto navarro de melena larga y mirada penetrante. Estuvieron corriendo y jugando por la casa, como si de un parque se tratara. Aquí se demuestra el trato familiar que se dispensa en la casa.

Al día siguiente llegaron las despedidas. Y la primera rotura sentimental de mi pequeña mujercita. Su amistad fue reemplazada por una visita al aquarium, del joven navarro. El amor es efímero…. Jajaja

De vuelta a casa, pasamos por Zarauz para ver su playa. Estaba llena de surfistas, ya que la mar estaba enfurecida.

Quiero dar las gracias a todos los integrantes de este viaje, por hacer que mi estancia con ellos haya sido tan agradable.

Hasta pronto






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