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De viaje

ESCAPADA A PARIS CON SILLA DE RUEDAS



Escrito por: Iñaki Otazua

Hace tiempo ya que Iñaki no nos escribe sobre ningún viaje. Así que, yo, Oihana su pareja, me he animado a relataros nuestro viaje más reciente: París.

Fuimos del 28 de abril hasta el 3 de mayo. Nos dio tiempo a ver todo lo que nosotros nos propusimos (¡que no fue poco!).

EL VIAJE Y EL HOTEL
Esta vez decidimos viajar en Tren saliendo desde Hendaya ya que queda muy cerca de nuestra vivienda. Compramos los billetes de tren en una agencia de viaje y faltando una semana para viajar Iñaki se puso en contacto con la SNCF vía mail que es la que gestiona los trenes en Francia para que nos ayudaran a subir al tren. La entrada al tren es muy cómoda mediante un elevador que se sitúa en el andén. Aun pagando billetes de segunda clase te ponen en el vagón de primera que es más espacioso y se agradece.

En unas horas llegamos a París y cogimos un taxi en la misma estación para ir al hotel. El hotel que nos alojamos se encuentra en el Barrio Latino: Hotel Claude Bernard Saint-Germain. Lo bueno del hotel es que para nuestro gusto estaba muy bien situado. Está al lado de la Universidad de Sorbone.

QUÉ VER EN PARIS
Nada más llegar salimos a recorrer un poco para situarnos y visitar lo que teníamos cerca. Llegamos hasta Louvre visitando por fuera Notre Dame, el puente con los candados…

He de decir, que salvo algunas zonas con cuesta Paris es bastante llano y no hay problemas para andar por allí, salvo que a veces las aceras son algo estrechas y los bares y cafeterías ponen mesitas fuera que reducen bastante el paso. También he de decir que para poder andar más tranquilos en las zonas de adoquines nos llevamos la Freewheel. Es una gran ayuda para subir y bajar aceras sin tener que hacer “caballito” y para zonas con adoquines o baldosas irregulares.

Os quiero comentar también, que si os gustan los museos y visitar sitios emblemáticos, París es una ciudad ideal, ya que tanto Iñaki como yo, no teníamos que hacer colas ni pagar la entrada para ellos. Así, evitábamos mucha pérdida de tiempo y la ocasión de que el viaje nos salga más económico. De media si no, el precio de los museos rondaba unos 15€.

Al día siguiente nos dimos una gran paliza. Lo primero que visitamos fue el Musée d’Orsay. Está totalmente adaptado y merece la pena visitarlo. De ahí, nos dirigimos hacia Les Invalides. Aquí se encuentra la tumba de Napoleón pero no pudimos entrar ya que el recinto es sólo parcialmente accesible.

Cerca de Les Invalides está el Musée Rodin. Tiene unos jardines preciosos que merece visitar y este museo también está bastante adaptado (en el edificio están haciendo obras para poder ser accesible del todo). En este jardín la Freewheel fue muy necesario ya que el paseo está hecho mediante arenilla y piedrecillas pequeñas.

Una vez visitado este museo pusimos rumbo a la Torre Eiffel. Sí o sí hay que subir. El edificio en sí ya es impresionante. Ahora mismo en la primera planta están de obras, así que si subes te llevan directamente al segundo piso. Es el único sitio donde tuvimos que pagar algo, y fue en tarifa reducida 4’5€. Pero sin hacer apenas colas. Sólo nos dejaron subir al segundo piso, según nos explicaron, el ascensor que sube hasta el tercer nivel es más pequeño y estrecho y por seguridad no dejan subir a gente que va en silla. Aun y todo, el segundo nivel no desmerece. Las vistas son impresionantes. En un viaje anterior pude subir al tercer nivel pero creo que disfruté más en esta ocasión (el tiempo también era mejor para poder situar cada edificio).

Después de patear tanto pusimos rumbo hacia el hotel. Pasamos por al lado de otro museo muy curioso ya que tiene un jardín vertical en la fachada, Musée du quai Branly. Pero estábamos bastante agotados como para entrar y había que llegar hasta el hotel, recorriendo el Sena.

El tercer día, fue el único día que cogimos autobús. Están realmente bien, casi todas las paradas están adaptadas. En las marquesinas mismo puedes ver la imagen de silla y todos los autobuses tienen rampa para el acceso al bus. Además, con mi inglés pude chapurrear con los conductores y fueron muy amables. Esta vez el autobús lo cogimos para subir a la parte alta de París: Montmartre, ya que allí se encuentra la Sacré-Coeur. El autobús nos dejó un poco más abajo de lo esperado, así que tuvimos que subir una pequeña cuesta y luego coger el funicular para acercarnos al edificio. El funicular también está adaptado y la tarifa es reducida. Pudimos ver todas las vistas de París, nos hizo un día estupendo para ello. Pero nosotros no conseguimos entrar dentro. Lo dejaremos para otra ocasión .

Al bajar, cogimos otro autobús para que nos llevara hasta el Arc de Triomphe (de camino en bus vimos Moulin Rouge jeje). ¡¡Y de ahí otra caminata!! Recorrimos todo los Champs-Élysées hasta llegar a la Place de la Concorde. Descansamos un poco y aprovechamos para sacar unas fotos. De ahí, paseamos por los Jardin des Tuileries hasta llegar hasta el Musée du Louvre. Y los muy felicianos nos adentramos al museo ☺.

Para visitar el museo de cabo a rabo necesitas más de un día. Nos propusimos coger el mapa del museo y concretar qué queríamos ver y qué no nos importaría dejar para otra ocasión. He de decir, que aunque está adaptado, la combinación y ubicación de ascensores en algunas ocasiones nos dio algún quebradero de cabeza. Pero pudimos ver gran parte del museo. De ahí ya para el hotel (¡muy muertos!).

El cuarto día coincidió con el 1 de Mayo y al igual que aquí, en París también era festivo por lo que todos los museos estaban cerrados. Decidimos visitar por lo tanto el Jardín Botánico. Para llegar allí pasamos por el Institut de Monde Arabe. El jardín estaba abierto, y paseamos por él disfrutando de la flora. En el mismo recinto hay un par de museos más. El de Historia Natural y otro de animales. Del jardín nos dirigimos hacia la zona la Bastille. Cerca de ahí hay un Promenade. Está hecho un paseo en lo alto de la calle donde antes iba el tren. Es un paseo precioso pero para subir solo hay escaleras. Iña se tuvo que quedar abajo y yo subí para sacar unas fotos. Pero el día se nos chafó. Comenzó


llover y tuvimos que poner rumbo hacia el hotel. Dimos un pequeño rodeo. Llegamos hasta la Place de la Bastille, de ahí fuimos al Place des Vosges y de ahí rumbo hacia el hotel. Nos vino bien descansar un poco.

El quinto día y penúltimo del viaje lo dedicamos a un último museo que nos recomendaron: Centre Georges Pompidou. El museo es muy curioso incluso por fuera, llama mucho la atención. Está totalmente adaptado y las personas con movilidad reducida tienen prioridad. La entrada también fue gratuita. De ahí nos fuimos dando un paseo hasta Sainte-Chapelle. En sí la entrada principal no está adaptada pero nos condujeron por un ascensor hasta el Palacio de Justicia y por ahí pudimos entrar en la capilla. Las vidrieras son hermosas, es difícil de explicar, el colorido, la perfección… Lástima que este edificio también esté de obras, no pudimos admirar el rosetón. A la tarde mejoró algo el tiempo por lo que aprovechamos para ir a ver el Panthéon. No es nada accesible, hay escaleras para poder entrar. Además, yo quería ver el Péndulo de Foucoult que se encuentra en él pero como el edificio está en obras, el péndulo lo han trasladado a otro lugar hasta dentro de un par de años. De ahí nos fuimos al Jardín du Luxembourg y nos sentamos en unas sillas que hay en el recinto para disfrutar del paisaje.

Y ya llegó el final del viaje… No podíamos marcharnos sin ver Notre-Dame. Así que aprovechamos la mañana para ir a verlo por dentro. La entrada es gratuita para todos y hay que hacer cola. Para subir a los torreones hay que pagar y no es accesible ya que solo hay escaleras. Pero es enorme por dentro y también tiene unas vidrieras preciosas. Eso sí, me gustaron más las de Sainte-Chapelle.

Se nos han quedado en el tintero muchas sitios por ver. Pero nos vinimos muy a gusto. París es digno de rodar/patear y aunque llegamos destrozados a casa mereció la pena callejear y visitar tantos museos. Mirar tiendas, darnos algún capricho… Una vez en la vida por lo menos hay que ir a París!!! Bon voyage!!



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