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De viaje

GIJÓN CON SILLA DE RUEDAS



Escrito por: Kity

La mañana amenazaba lluvia, como es costumbre en el Cantábrico (con su encanto particular, así esta de bonito todo), pero el día se tornaba prometedor, ya que teníamos por delante un día lleno de actividades y una gran ciudad por descubrir. Para ello contamos con un gran cicerone, Onofre, asturiano de pura cepa, gran compañero de viaje y después de esta experiencia juntos, un gran amigo asturianu.

Gijón ha sido la gran puerta al mar de la industria asturiana. Esta villa marinera es la ciudad mas poblada de Asturias. Por ella han pasado los Astures, los romanos y los visigodos entre otros, que junto a las luchas de los nobles en la edad media, han forjado esta maravillosa ciudad y el carácter de sus gentes.

Acuario de Gijón
Para empezar el día, mientras escampaba una suave lluvia, visitamos el Acuario de Gijón, una pequeña gran representación del entorno marino del Cantábrico y otras partes del mundo.

El Acuario es casi completamente accesible, su recorrido se puede realizar con silla de ruedas de una manera autónoma, salvo en un par de pequeñas pendientes, en las que se puede necesitar ayuda de tercera persona. Dispone de baño adaptado y ascensor que comunica las diferentes plantas del mismo.

Al comienzo de la visita, se atraviesa la recreación de un río de la Cornisa Cantábrica, en el que a distintos niveles, se pueden ver truchas, anguilas, salmones y demás especies que habitan en estas zonas. Aunque lo que más me han impresionado han sido las nutrias, una pareja encantadora, que les gusta exhibirse y llamar la atención del público. ¡Cómo juegan!, ¡Cómo nadan!, ¡Qué vitalidad!. Si no fuese porque venía un grupo detrás, me hubiese quedado toda la mañana observándolas, es una gozada…..

Después de despegarme del cristal de las nutrias, pasamos por distintas salas, donde pudimos conocer especies de todos los mares, principalmente del Cantábrico que es donde estamos, pero no menos espectaculares que las de otros océanos. Arrecifes de coral, peces globo, peces payaso, pepinos de mar, caballitos de mar, langostas, bogavantes ¡Si es que tienen de todo!

Casualidad o no, tuvimos la suerte de ver a los cuidadores del acuario dar de comer a los tiburones, las tortugas, los meros y las rayas del Oceanario. Un espectáculo impresionante, que junto con el resto de animales que conocimos, hicieron de esta, una visita inolvidable.

Terminamos la visita con un cafecito en la terraza de la cafetería del acuario, que como ya había dejado de llover, era el sitio ideal para disfrutar de unas buenas vistas a la bahía y revivir esta maravillosa experiencia que habíamos pasado. Un lugar completamente recomendable.

Tierra Astur, el auténtico sabor de Asturias
Como la visita se había alargado más de lo previsto, decidimos ir a comer y el lugar elegido, merecía la pena, la Sidrería Tierra Astur, junto al Acuario. Con un buen amigo con el que por la tarde íbamos a practicar vela adaptada, Nacho.

“Donde fueres haz lo que vieres”, así que en Asturias, comimos lo típico de la zona, una degustación de quesos asturianos, tortos de maíz, fabes, chuletón y de postre frixuelos. Y para beber, ¡¡¡Bien de sidra!!!, que para eso estamos en Asturias. Que placer más grande es comer en Asturias, todo estaba buenísimo y por sólo 20€ por barba. Como dice una amiga mía cuando disfruta mucho de los placeres de la vida, “Qué buenecico que es Dios”.

El restaurante muy chulo y sobre todo muy accesible, con baño adaptado y todo.

Vela adaptada en Gijón
Por la tarde, aprovechando que el día aguantaba, nos acercamos a la base de la Federación Asturiana de Vela, a un pasito de donde estábamos y con Nacho de APTAA, que nos iba a hacer de cicerone para mi iniciación en la vela adaptada.

El momento no era el más recomendable (después de comer), sobre todo para un tío de secano como yo, pero con una biodramina todo solucionado.

Como compañero de bote tuve a Miguel, con quien navegué durante un buen rato y quien me inició en las artes de los buenos navegantes. Aunque he de decir, que yo no soy muy diestro en estas facetas…..
El paseo en barco una gozada, ya tengo ganas de repetir. Que cierto es lo que dicen los marineros, “la mar engancha”.

Ya era media tarde larga, cuando arribamos a puerto, nos cambiamos y tomamos una cañíta en el bar del Espigón, donde intercambiamos opiniones sobre la vela y nos contaron historias de lobos de mar, donde la realidad y la ficción se mezclan, haciendo pasar un rato inolvidable.

Recorriendo Gijón con silla de ruedas
Tan a gusto estábamos, que no nos habíamos dado cuenta que se había incorporado al grupo Carlos Justo, nuestro guía para visitar el casco antiguo de Gijón.

Gijón es una ciudad para descubrirla y disfrutarla. Carlos nos explicó la historia de la ciudad, la reconversión que ha tenido durante los últimos años toda la zona de poniente y nos guió hasta CIMADEVILLA, la zona más antigua de Gijón.

Desde


plazas, sus casas señoriales, los restos arqueológicos, su estructura y sus habitantes a lo largo del tiempo, conforman un lugar con un encanto único. El lugar está lleno de sidrerías, bares y restaurantes, donde se puede disfrutar de la sidra asturiana y las viandas típicas de la zona. No hace falta que sea verano para poder disfrutar las terrazas de la zona, ya que da gusto estar en un ambiente único, como el de la Plaza Mayor o el de la Plaza Marqués, entre otros.

También nos explicaron el secreto de los colores de las casas de los pescadores (tan sencillo como que era del color de la pintura con la que pintaban sus barcos) y la historia de cada rincón.

Aunque CIMADEVILLA está situada en el Cerro de Santa Catalina y tiene pendientes en todas sus calles, se puede realizar una visita en silla de ruedas autónomamente, aunque hay que elegir bien las calles, ya que sino, nos podemos encontrar con pendientes muy pronunciadas, donde necesitemos ayuda de tercera persona. Salvo esta zona, Gijón es una ciudad muy llana, que facilita el paseo en silla de ruedas y el disfrute de la misma.

Al final, paseando, paseando, acabamos en el paseo de la playa de San Lorenzo (imponente paseo de casi 3 km), la más popular de Gijón, donde se concentra además la zona comercial de la ciudad.

Ya de noche, nos despedimos de Carlos y Onofre y regresamos al hotel Silken Ciudad Gijón, donde teníamos reservada la habitación adaptada, y por cierto, muy bien adaptada, donde pudimos descansar de un día completísimo por Gijón. Agotados pero satisfechos por haber pasado un día perfecto.



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