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De viaje

Viaje a Sevilla en silla de ruedas.



Escrito por: Sillero viajero


Dicen que la lluvia en Sevilla es una maravilla y eso creímos que veríamos durante el pasado puente del Pilar cuando llegamos a la capital hispalense puesto que empezó a llover como si se tratase del diluvio universal.

Por suerte, sólo duró unas horas la noche del sábado y el domingo amaneció con un sol brillante que nos acompañó durante casi todo el día.

Sevilla es una ciudad para conocerla y disfrutarla con buen tiempo ya que, aunque su oferta cultural y patrimonial es rica y diversa, su mayor valor está en sus calles, sus paseos por el casco viejo, los tapeos en su infinidad de bares.

Viajamos en nuestro coche y en contra de lo que esperábamos, son numerosas las plazas de aparcamiento reservadas para personas con discapacidad y se respetan. También se puede aparcar gratuitamente en la zona de estacionamiento vigilado gratuitamente por lo que no tuvimos mayor problema por aparcar en una calle muy cercana a la Catedral.

Nuestra primera parada fue a la oficina de turismo como siempre hacemos cuando vamos la primera vez a un lugar. La más cercana está en Calle Génova y aunque tiene un pequeño escalón pude entrar con ayuda de mis amigos. No se si es porque era puente y había mucha gente pero lo cierto es que no nos dieron demasiada información para saber qué hacer y visitar con silla de ruedas. Nos facilitaron un plano de la ciudad y un listado de horarios y tarifas de los principales lugares de interés y con ello nos lanzamos a recorrer la ciudad.

La primera parada la hicimos en la Catedral. Tiene dos entradas, una de ellas con rampa de pendiente reducida por la C/ Génova y otra con un pequeño escalón, aunque también disponen de rampa portátil de madera, en la Plaza del Palacio Arzobispal. La catedral por dentro es impresionante, una joya que merece la pena visitar. Todo el recorrido es accesible y me sorprendió gratamente que en el interior hay aseos públicos con dos cabinas adaptadas, una en la zona femenina y otra en la masculina. Los baños están bastante bien, con puerta que abre hacia fuera, barras de apoyo a ambos lados y lavabo sin pie. Aunque el interior no es tan espacioso como otros, la verdad es que yo no tuve ningún problema para moverme y utilizarlo. De hecho, este baño lo frecuenté reiteradamente ya que en los bares y establecimientos de alrededor no había baños adaptados así que este fue mi centro de operaciones.

Dentro de la Catedral está la entrada a la Torre de la Giralda. Por supuesto, yo estaba convencido de que no podría subir pero cual fue mi sorpresa, y ya van 2, cuando me dicen que no había escaleras y que era todo rampa. Fuimos de cabeza para allí pero estaba cerrado y abrían por la tarde de modo que aprovechamos para callejear un rato.

Ese fin de semana coincidió que estaban celebrando algún certamen de poesía al aire libre o algo así, porque nada más salir de la Catedral, había un pequeño escenario en el que varias personas recitaban poesías. El entorno era espectacular, el tiempo acompañaba así que decidimos tomar un café en una terraza al sol y disfrutar del ir y venir de los numerosos turistas al tiempo que escuchábamos poesía. Todo un lujo.

De allí nos fuimos a pasear por entre las calles y aquí sí tengo que decir que me tuvieron que ayudar en ocasiones porque las calles tienen un adoquinado un tanto incómodo para la silla de ruedas. Algunas de las calles tienen también algo de cuesta y las aceras son estrechas de modo que tuve que transitar por el vial, como buen 4 ruedas que soy. La verdad es que estas calles son peatonales, o casi, así que no tuve problemas con los coches. Como digo, de vez en cuando tenía que hacer algún caballito con la silla o bien me ayudaban para subir o bajar alguna cuesta algo pendiente. Callejeando y tapeando pasamos todo lo que quedó de la mañana hasta primera hora de la tarde. Nos tomamos buenas raciones de jamón, queso y chacinas para reponer fuerzas con sus cervecitas y sus finos en las terrazas que había por todas las calles y plazoletas. Los bares en general tienen un escalón por lo que si quisiéramos entrar mis amigos me hubieran echado un capote (como siempre ¿qué haría yo sin ellos?) pero en esta ocasión nos inclinamos por disfrutar de los últimos coletazos del verano en las terrazas. Las chicas aprovecharon para ir de tiendas y disfrutaron como niñas. Los abanicos causaron furor, los había de todos los modelos, colores, tamaños y precios.

Por la tarde fuimos a ver La Giralda y como nos habían dicho, no hay escaleras en el interior, seguramente porque era para que en su momento subieran los caballos. Ahora eso sí, la pendiente de la rampa es pronunciada y mis amigos tuvieron que sudar gran parte de lo que se habían comido y bebido antes pero al final lo conseguimos y mereció la pena. Las vistas desde arriba son maravillosas.

Al día siguiente intentamos ir a Los Reales Alcázares de Sevilla pero la fila de gente esperando para entrar deba la vuelta a la manzana así que decidimos que en otra ocasión sería.

De allí nos fuimos al Parque Maria Luisa hasta llegar a la Plaza de España. ¡¡¡ ESPECTACULAR!!!! De todo lo que vimos y visitamos, sin lugar a dudas esto fue lo que más me gustó. Una plaza inmensa en la que están representadas todas las provincias de España, cada una con una zona delimitada y con bancos de obra, todo hecho con cerámica, y donde se ven representado tanto el mapa de la provincia como los nombres de


las principales localidades. El colorido de las cerámicas y el artesonado de los techos son impresionantes, así como las dimensiones y la estructura de la plaza. Si vais a Sevilla no os lo podéis perder. Otro de los atractivos que tiene son los espectáculos callejeros que hay, grupos musicales, mimos, ¡¡¡hasta una boda de japoneses!!!!. En el Parque Maria Luisa, si tenéis tiempo, pasad un ratito dando de comer a las palomas. Es impresionante la sensación de ver como se te posan infinidad de ellas para que les des de comer. A uno de mis amigos le entró la angustia porque dice que se sintió protagonista de la película Los Pájaros de Alfred Hitchcock. Tanto en la Plaza de España como en el Parque María Luisa no tuve ningún problema para ir con la silla de ruedas.

Al lado del Parque María Luisa, están los Jardines del Prado de San Sebastián. Esos días se estaba celebrando el Festival de las Naciones que duraba hasta el 1 de noviembre. Es un recinto de entrada gratuita en la que hay conciertos y espectáculos de baile, mercados de arte y artesanía y una zona de actividades infantiles. En las jaimas ofrecían degustación de pinchos internacionales y bebida por 3 €. En este parque el tránsito con la silla de ruedas fue un poco complicado porque el suelo era de tierra. De normalidad debe estar muy bien prensada pero esos días por la noche llovía y había muchos charcos y la tierra estaba más blanda así que tuve que ir con cuidado.

Además de esto, estuvimos visitando la maestranza, la torre del oro, paseamos junto al Guadalquivir, fuimos a la Calle Betis a tapear a precios de ganga y sobre todo callejeamos y disfrutamos de una ciudad viva, abierta y con ganas de acoger a quienes les visiten.

Si no habéis estado nunca en Sevilla, espero que esta experiencia os anime a visitarla.






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