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De viaje

Safari por Botswana en silla de ruedas II



Escrito por: Edurne Álvarez

En ocasiones el tener grandes expectativas también conlleva el riesgo de grandes decepciones, y en el caso del Delta todo el mundo nos decía que era maravilloso, increíble, mágico y múltiples términos similares y lo cierto es que… lo fue!  Además allí vivimos todas por primera vez en un camp de safari.


El aeropuerto de Maun tiene un bajo volumen de vuelos regulares, lo que destaca sin duda es su enorme pista de avionetas, la práctica totalidad de ellas operadas por MockAir. El horario de vuelo suele muy orientativo y es el día antes de salir, cuando a través de una llamada a tu hotel te confirman la hora de salida.


En el viaje de ida tuvimos la gran suerte de ir solas en una avioneta de cuatro, las ventanas son inmensas y así puedes disfrutar de las vistas del delta durante todo el trayecto, que sin lugar a dudas es un lugar único en el que la inmensidad de finos brazos fluviales se aprecian desde el cielo así cómo los cambios más significativos de vegetación y algunos grandes animales.


Nuestro camp estaba situado en la zona norte del Delta así que sobrevolamos la reserva de Moremi, para algunos la joya del Okavango, yo no puedo opinar porque no lo conozco y no puedo comparar, pero donde estuvimos nos rechiflo. El camp al que fuimos, de relativa nueva creación nos lo recomendó la agencia por la increíble relación calidad precio, la amabilidad del personal y la amplia variedad de actividades entre las que destacaba el vuelo en globo sobre el delta que apenas algunos sitios ofrecen.. (yo sabíamos que no iba a poder volar, pero es no era ningún problema)


Aterrizamos en una pequeña pista con el nombre de nuestro “camp” pintado en el suelo. Junto a la “terminal”, que era como una parada de autobús de paja únicamente con un banco y un extintor, esta “Chispas”, nuestro guía, con el que en seguida congeniamos fenomenal, y su coche, el 4×4 en el que nos moveríamos durante los 3 días que estuvimos. De ahí pusimos ruta al camp, en los escasos 20 min que recorrimos vimos muchos elefantes, los primeros montículos de barro hechos por termitas y una paisaje que nos cautivó por su particular frondosidad.


Nada más llegar al camp nos sentimos en Memorias de África, además durante unas horas fuimos las únicas huéspedes. Al bajarnos del coche nos estaban esperando los gerentes, Paula y Gregg quienes nos explicaron brevemente cual iba a ser nuestro plan los próximos tres días, así como las rutinas y horarios propios del camp que a grandes rasgos consistía en una actividad por la mañana a primera hora (el despertador sonaba a las 5:30am) y una actividad después de la hora del té, costumbre muy británica que mantenían intacta con la posibilidad de picoteo dulce o salado. Al volver de la actividad de la tarde el fuego del campamento ya estaba encendido y te sentabas junto a él con los demás huéspedes y Paula y Gregg antes de pasar a la cena, que era la comida que siempre hacíamos todos juntos en la misma mesa. Además todas las actividades incluían una parada en el algún sitio tranquilo para tomar té o café y algo de picar sobre las 10 am y una cerveza, copita o refresco viendo el atardecer.


Entre las normas más importantes estaba el que no podías andar sola de la zona común a las cabañas de noche, lo cual implicaba que a primera hora de la mañana nos venía a buscar Chispas con la linterna como su única arma y a partir de las 19h igual; después de cenar te acompañaban Paula y Gregg. El camp no está vallado y por las noches se oía perfectamente caminar a los animales y en ocasiones un cierto canguelo en la tienda sentías…jeje


Nuestra primera excursión fue un paseo en lancha por el rio, ahí comenzamos a apreciar la belleza de las aves que habitan en el delta además de los hipopótamos animales especialmente peligrosos y cocodrilos y desde luego elefantes.


Al volver de la excursión tuvimos la oportunidad de ver nuestro primer atardecer en la orilla del rio.


El segundo día teníamos “game drive” mañanero fueron casi cinco horas con el coche tratando de ver cuantos más animales posibles entre ellos leones, jirafas, “pumbas”, antílopes y perros salvajes, de estos últimos nuestro guía estaba especialmente orgulloso porque es muy difícil poder ver porque están en peligro de extinción.. Y a nosotras nos impresionaban mucho más otros animales…jeje


Por la tarde, al igual que el día anterior volvimos a coger el coche para acercarnos al “embarcadero” pero esta vez íbamos a ir en… mokoro, una especie de góndola… que es el vehículo tradicional que empleaban los locales para desplazarse por el delta. Os confesare que me impresiono más el hecho de estar en el agua dentro de una embarcación tan frágil que el tener un león a los pies del coche. Carla y yo preferimos no acercarnos demasiado a los Hipos por lo que pudiera pasar… jeje


El tercer día Carla, Pia y Cris se pegaron un grandísimo madrugón para subir al globo y ver el delta desde el aire, les encanto y además tuvieron la suerte de ver dos leones apareándose al volver.


Por la tarde, fuimos al poblado cercano con Chispas, y además de conocer y saludar a su familia, pudimos ver su realidad y acercarnos un poco más a su estilo de vida, que en general no incluye electricidad y en ninguno de los casos agua corriente. Vimos la escuela, el centro de salud, la casa de los jefes de la tribu e incluso hicimos algo de compra con él, que consistió en pararnos en pequeños kiosko a lo largo del recorrido.


Nuestra excursión de despedida fue un safari en coche, Chispas nos llevó por otras zonas por las que no habíamos pasado ninguno de los días


anteriores. A media mañana nos acercó a la pista de despegue de nuestra avioneta que en esta ocasión era una especie de “autobús” aéreo que iba haciendo paradas por los distintos camps, nosotras tuvimos la suerte de ser la última parada así que genial.


Algunos de los momentos que no puedo dejar de destacar en el camp, más allá del mero placer de estar ahí y disfrutar del entorno, fueron el baño en la piscina divisando los elefantes y el espectacular paisaje, las copitas nocturnas al calor de la hoguera comentando el día y el café viendo el amanecer. Y cómo no el tiempo que pasamos con Paula, Gregg y Chispas, que tenía una paciencia infinita con nosotras y en general con todas las personas que trabajaban en el Camp.


Algunas cuestiones a tener en cuenta:



  • El acceso a la avioneta requiere subir un par de escalones (o pulsarte o que te suban a pulso) y reptar de lado o de frente, a tu asiento. Nosotras tras un par de ataques de risa y un minuto de bloqueo lo gestionamos airosamente.

  • Como os decía en el post introductorio, para subirte al coche en mi caso siempre me hacía falta ayuda porque son muy altos. Sentarte en el mokoro o al lancha, no tiene gran dificultad si te transfieres y reptas con cierta autonomía o si no siempre podrían hacerlo a pulso.

  • En todas las excursiones llevábamos la silla para estar más cómoda en la parada del café mañanero y del gin tonic de la tarde.

  • Kadiora en general es muy practicable en silla, hay un escalón para acceder a la tienda y otro para acceder a la zona común pero siempre hay manos para ayudar. Para la ducha nos dejaron una silla estupenda. Hay que subir tres o cuatro escalones para acceder al mirador y a los baños de la zona común, pero ninguno de los dos sitios son imprescindibles.


Aventura sillera escrita por Edurne.


Puedes seguir sus rodadas en www.sillerosviajeros.com



TAGS: Safari accesible, África accesible, turismo accesible, viajar en silla de ruedas, Botswana accesible, silleros viajeros




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